Hace ocho años, esta empresa conectaba generadores junto a pozos petroleros y quemaba el gas natural asociado que de otro modo se perdería en la atmósfera, alimentando con esa energía granjas de minado de bitcoin. Hoy Crusoe está valorada en $30.900 millones, y minar bitcoin es apenas una nota al pie en lo que hace.
La compañía cerró una ronda Serie F de $3.900 millones. La lideraron Atreides Management, Mubadala Capital y Valor Equity Partners, y el resto de la lista de inversores parece un mapa de hacia dónde fluye ahora el capital de la IA: Founders Fund, GIC, Nvidia, el fondo soberano catarí QIA, Radical Ventures, TPG y casi otras treinta firmas más, entre ellas ARK Invest, Fidelity y Tiger Global. Para dar contexto: en octubre de 2025 Crusoe había captado $1.380 millones con una valoración de $10.000 millones, así que la cifra casi se ha triplicado en menos de un año.
El modelo de negocio suena sencillo pero es carísimo de operar: construye y alquila espacio de centros de datos, alquila los propios chips de Nvidia que hay dentro, y vende cómputo de inferencia, es decir, la potencia que hace funcionar modelos ya entrenados en lugar de entrenarlos. Según la propia Crusoe, su cartera de contratos supera ya los $140.000 millones, su capacidad contratada supera los 6 gigavatios (con 1 gigavatio ya operativo), y las reservas de su nube crecieron 20 veces en el último año. Solo su división de inferencia gestionada ya factura más de $100 millones anuales.
El dinero servirá para ampliar campus como el de Abilene, Texas, que da servicio a OpenAI, y para fabricar unidades modulares "Spark": centros de datos prácticamente sobre ruedas que pueden conectarse a una fuente de energía en semanas en vez de años, y que generan menos rechazo vecinal que una obra descomunal. Crusoe también acaba de firmar con Jane Street un contrato de nube y GPU a cinco años por $13.000 millones, e incorporó a su consejo al director financiero de Cloudflare, Thomas Seifert, y al fundador de Redwood Materials, JB Straubel, exdirector de tecnología de Tesla.
El consejero delegado de Crusoe, Chase Lochmiller, resumió la estrategia en una frase: controlar todo "de los electrones a los tokens". La lógica es clara: la empresa ya conversa con Goldman Sachs y Morgan Stanley sobre una posible salida a bolsa. Pero hay otra cara de la moneda. Rondas de este tamaño aparecen casi cada semana mientras se acelera la carrera por el cómputo de IA, y Crusoe viene precisamente de una industria, la minería cripto, que hace poco atravesó su propio ciclo de euforia y resaca.



