El regulador financiero del Reino Unido publicó la normativa final sobre criptomonedas — y la principal concesión fue reducir a la mitad el colchón de capital para emisores de stablecoins: del 2% al 1% del total de monedas en circulación. Este es el primer documento normativo completo de FCA que cubre una parte significativa del mercado británico de activos digitales.
El cambio responde a la presión directa del sector. Cuando FCA propuso hace un año el umbral del 2%, las empresas advirtieron que tales requisitos expulsarían a nuevos actores que no han acumulado capital de reserva. David Gill, jefe de pagos y finanzas digitales de FCA, reconoció finalmente: "Los requisitos iniciales probablemente eran demasiado altos para el estado actual del mercado". El regulador también suavizó los requisitos sobre los plazos de redención de monedas y el volumen de divulgación pública de información.
En comparación con Europa, las nuevas reglas británicas son claramente más flexibles. MiCA establece un colchón del 2% para emisores estándar y del 3% para los considerados "significativos", además de exigir licencia bancaria o de institución de dinero electrónico. Por estas exigencias, Tether prácticamente rechazó adaptarse a MiCA. El Banco de Inglaterra, encargado de supervisar los stablecoins "sistémicos", también revisó sus propuestas iniciales hacia una postura más flexible.
Esta decisión responde a una lógica competitiva. Desde el Brexit, Londres intenta atraer metódicamente el negocio fintech del continente. Mientras MiCA se implementa plenamente, fundadores cripto de Alemania, Países Bajos y Francia se trasladan activamente a Dubái — donde es más barato, rápido y predecible. Reino Unido se presenta como una alternativa más amigable en este contexto.
Un detalle importante que puede pasar desapercibido: las reglas aplican solo a stablecoins vinculados a la libra esterlina. Los dólares USDT y USDC — dominantes en volumen — quedan fuera de esta normativa. La nueva regulación entrará en vigor en octubre de 2027. Los emisores tienen tiempo para prepararse — pero la dirección está clara: Londres apuesta por la flexibilidad donde Bruselas insiste en la rigidez.



