El Fondo Monetario Internacional publicó el 3 de julio una evaluación detallada de los riesgos que conlleva trasladar activos financieros a la cadena de bloques. La conclusión es ambivalente: la tokenización acelera radicalmente las liquidaciones y, en la misma medida, la propagación de crisis.
Tobias Adrian, director del departamento monetario del FMI, resumió la tensión central en una frase: «Las fricciones desaparecen, pero también los amortiguadores.» Los contratos inteligentes eliminan las pausas entre etapas secuenciales y, con ellas, la posibilidad de detener una reacción en cadena.
Los riesgos son concretos. Concentración: hoy cada banco asume sus propios riesgos en su balance; en un sistema tokenizado, esos riesgos se acumulan en unas pocas plataformas. Ciberataques: si la infraestructura clave se comparte en un registro común, una brecha afecta a todos simultáneamente. Contagio automático: los contratos inteligentes no saben hacer pausas — el choque se propaga por toda la cadena en tiempo real.
El FMI estableció cinco prioridades regulatorias: actualizar la legislación para transacciones instantáneas, aclarar los derechos de propiedad sobre activos tokenizados, limitar la concentración de infraestructura, reforzar la ciberseguridad y controlar los flujos transfronterizos, especialmente peligrosos en economías emergentes.
El aviso llega en el momento preciso: BlackRock migró activos a Ethereum, New York Life lanzó un fondo de bonos tokenizados y el DTCC eligió Stellar para los pagos de Wall Street. La infraestructura crece rápido. Las reglas, no. El FMI lo dice sin rodeos.



