El 30 de junio de 2026, el Departamento de Ética Gubernamental de EE. UU. publicó la declaración financiera de Donald Trump — un documento de 927 páginas que reveló lo que durante mucho tiempo fue objeto de especulación. En 2025 —el primer año de su segundo mandato presidencial— Trump ganó al menos $1,2 mil millones con proyectos de criptomonedas. Bloomberg y NBC News, tras analizar la misma declaración de forma independiente, mencionan la cifra de $1,4 mil millones.
Los ingresos provinieron de dos fuentes. La empresa CIC Digital LLC, que emite memecoins con la imagen de Trump, le pagó más de $600 millones bajo un acuerdo de licencia. World Liberty Financial —una firma cripto creada con la participación de Trump, sus hijos y el diplomático Steven Witkoff— generó más de $500 millones por la venta de tokens de gestión. Entre los mayores compradores destaca Justin Sun, fundador de la blockchain Tron: invirtió $75 millones en tokens de World Liberty Financial y otros $200 millones aproximadamente en memecoins.
Todo esto ocurrió mientras la administración Trump eliminaba sistemáticamente restricciones para el mercado cripto. Cambió la postura de la SEC, se suavizó la supervisión de la CFTC, y en el Congreso avanzaban proyectos de ley sobre stablecoins y impuestos cripto. Los críticos señalan una obvia contradicción: un presidente que gana miles de millones con cripto mientras define sus reglas regulatorias. La Casa Blanca lo califica de conflicto ficticio y aclara que el negocio lo gestionan sus hijos, separado de sus funciones presidenciales.
Más allá de las disputas políticas, queda algo concreto. Ningún presidente en la historia moderna de EE. UU. ha revelado una dependencia de tal magnitud en un solo sector —y menos en uno donde sus decisiones afectan directamente los precios. La declaración no resuelve esta cuestión institucional, pero la documenta en cifras oficiales.



