Anthropic, la empresa detrás de Claude, anunció que destinará al menos el 5% de sus acciones a un nuevo Public Benefit Fund (fondo de beneficio público). El anuncio llega justo cuando la compañía ultima los preparativos de una salida a bolsa que podría producirse ya en noviembre.
El fondo no funciona como una organización caritativa tradicional. Se estructura como una LLC, no como una entidad sin fines de lucro 501(c)(3) con beneficios fiscales, lo que le da al consejo de Anthropic más margen de maniobra: puede entregar grandes sumas de una sola vez o financiar programas de investigación durante años, según convenga.
Ese 5% no es necesariamente el límite. El consejo puede decidir, a su propio criterio, añadir otro 2% de acciones cada vez que la valoración de Anthropic suba un 50% por encima de una base que la compañía no ha revelado. Al fondo se le prohíbe destinar dinero a actividades de lobby o aportaciones políticas, tanto dentro como fuera de Estados Unidos.
El objetivo declarado es adelantarse a uno de los efectos más complicados de la IA: la desaparición de empleos a un ritmo más rápido que la capacidad de los trabajadores para reconvertirse. Anthropic habla de "grandes donaciones" y "enfoques más audaces", desde pagos directos a colectivos afectados hasta financiar estudios sobre cómo compensar la pérdida de ingresos por la automatización.
Esto se suma a un compromiso anterior del consejero delegado Dario Amodei y los otros cinco cofundadores de donar el 80% de su patrimonio personal. Sumando ambos compromisos, la compañía calcula que alrededor del 20% de sus acciones terminará destinado al "bien público", sin contar los posibles incrementos futuros ligados a la valoración.
Nada de esto está cerrado todavía: los accionistas aún deben aprobar el plan. Y la coincidencia con la salida a bolsa invita al escepticismo. La valoración privada de Anthropic ya ha bajado de 2,1 billones de dólares a principios de mes a 1,909 billones, mientras algunos inversores presionan para recortar el objetivo de la OPV de 2 a 1,5 billones. Visto así, el gesto parece a la vez un intento genuino de abordar el impacto de la IA en el empleo y un movimiento bien calculado para calmar los ánimos justo antes de salir a bolsa.


