El viernes, el bitcoin cerró la semana por encima de $64.300. Para el lunes por la mañana, casi toda esa ganancia se había esfumado: el precio cayó hasta la franja de $62.100–$63.100, y varias altcoins retrocedieron todavía más. La causa no fue nada técnico dentro del mercado cripto, sino algo mucho más terrenal: Estados Unidos atacó nuevos objetivos en Irán, Irán respondió cerca del Estrecho de Ormuz, y los mercados volvieron a poner precio al riesgo sobre un corredor por el que pasa cerca de una quinta parte del petróleo que se transporta por mar en el mundo.
Es la continuación directa de una historia que parecía cerrada hace un mes. A mediados de junio, el anuncio de un alto el fuego entre Washington y Teherán había impulsado al bitcoin por encima de $65.000, con los mercados respirando aliviados. Ahora el péndulo se movió en sentido contrario: según los mercados de predicción de Polymarket, los operadores solo dan un 3% de probabilidad a que el tráfico marítimo por Ormuz se normalice antes del 31 de julio.
El golpe no se quedó en el mundo cripto. El Kospi surcoreano se desplomó un 9,2%, borrando cerca de $377.000 millones en valor de mercado. El Nikkei japonés y el SSE chino cayeron más de un 2% cada uno, y las acciones del fabricante de chips SK Hynix se hundieron un 15%, su peor jornada en la historia de la compañía. El petróleo Brent subió cerca de un 4%, acercándose a los $80 por barril, reflejando el riesgo de una disrupción prolongada en una de las arterias petroleras más importantes del planeta.
En los mercados de derivados, el movimiento provocó cerca de $253 millones en liquidaciones en 24 horas, con aproximadamente tres cuartas partes afectando a posiciones largas: los operadores que apostaban a que el rally continuaría fueron los primeros en pagar el precio. Aun así, los flujos hacia los ETF de bitcoin no se secaron del todo: según CoinDesk, algunos inversores institucionales siguieron comprando en la caída, apostando a que el conflicto no derive en un bloqueo prolongado del estrecho.
De aquí en adelante, todo depende del petróleo y de cuánto se prolongue la escalada. Un precio de la energía más alto no es solo un problema en el surtidor: alimenta la inflación y pone en riesgo las apuestas por recortes de tasas de la Fed que el mercado venía construyendo durante todo el verano. Si Ormuz sigue interrumpido hasta finales de julio, esto dejará de ser una corrección cripto para convertirse en una repreciación más amplia del riesgo en todos los activos.



