Oracle se está cubriendo las espaldas. La compañía envió al promotor Blue Owl Capital un aviso formal de fuerza mayor sobre Project Jupiter, uno de los campus insignia de la iniciativa Stargate en Nuevo México, con una capacidad de 2,45 gigavatios. Eso no significa que Oracle abandone el proyecto: el aviso solo protege a la compañía de sanciones si el sitio no cumple el plazo original de apertura en 2028.
El motivo es de lo más terrenal: un gasoducto. La línea de gas de Energy Transfer que debía alimentar la planta eléctrica del campus acumula casi seis meses de retraso, después de que los reguladores rechazaran repetidamente los permisos para su trazado original, obligando a rediseñar la ruta en agosto de 2026. La nueva fecha de entrada en servicio es el 1 de febrero de 2027. Un segundo obstáculo es el permiso de calidad del aire para las celdas de combustible de Bloom Energy, que también deben abastecer el sitio: el departamento de medio ambiente de Nuevo México tiene hasta el 23 de noviembre para resolver.
"Project Jupiter sigue nuestro calendario previsto. Estamos plenamente comprometidos con Nuevo México y confiamos en nuestro camino", declaró Oracle. Blue Owl, por su parte, subrayó que el aviso "no cambia los compromisos financieros de este proyecto plurianual". Ambas declaraciones son técnicamente correctas: las cláusulas de fuerza mayor son un trámite habitual en contratos de esta magnitud, no una alarma. Pero el hecho de que la mayor obra de Stargate —la iniciativa conjunta de OpenAI, Oracle y SoftBank presentada junto a Trump al inicio de su segundo mandato— dependa de un permiso de gasoducto y del calendario de una agencia estatal dice mucho sobre lo frágil que se ha vuelto la logística de la infraestructura de IA. El proyecto también se ha convertido en un foco político local, con vecinos y grupos ecologistas oponiéndose antes de las elecciones legislativas de mitad de mandato.
Nuevo México no es el único lugar donde la energía, y no el silicio, es el cuello de botella. Un día después, el 25 de septiembre, Crusoe Energy abandonó un acuerdo de 1.250 millones de dólares con el fabricante de turbinas Boom Supersonic que debía dar a sus centros de datos una fuente de energía temporal basada en 29 turbinas de gas. Una compañía tras otra descubre que son los megavatios, y no los chips, los que marcan hoy el ritmo de la construcción de la IA.



