El regulador europeo de mercados, ESMA, no se anduvo con rodeos en su informe trimestral de riesgos publicado el 11 de septiembre: las dos mayores plataformas de mercados de predicción, Polymarket y Kalshi, están comercializando contratos sobre eventos en la Unión Europea sin la autorización que el bloque exige.
El problema de fondo es que nadie ha decidido todavía qué normativa aplicar. Un contrato que apuesta por el resultado de unas elecciones o de un partido puede tratarse como un derivado financiero bajo MiFID II —lo que activaría la prohibición total de vender opciones binarias a inversores minoristas—, como un criptoactivo basado en blockchain bajo MiCA, o simplemente como apuestas bajo la legislación nacional, que varía enormemente entre los 27 países.
Ambas plataformas ya bloquean el acceso desde algunos países. Polymarket excluye a Alemania, Francia, Italia y Países Bajos; los términos de Kalshi mencionan Bélgica, Bulgaria, Hungría, Irlanda, Italia, Polonia, Portugal y Francia. Las listas no coinciden, no cubren todo el bloque y, como señala ESMA, de poco sirven si cualquier usuario puede saltárselas con una VPN.
El regulador también apunta a un problema más difícil de resolver: el anonimato. La verificación de identidad limitada y el uso de seudónimos, especialmente en Polymarket, complican detectar operaciones con información privilegiada y manipulación del mercado. Ambas plataformas ya han tenido que reaccionar ante casos reales: Kalshi expulsó de forma permanente al excongresista George Santos por manipular un contrato, y Polymarket reforzó después sus propias reglas contra el uso de información privilegiada.
ESMA no fija sanciones ni plazos: es una advertencia, no una orden de cumplimiento. Pero para plataformas que en Estados Unidos ya luchan por no ser tratadas como simples casas de apuestas, el mensaje desde Bruselas es claro: la zona gris europea se está cerrando.



