Google planeaba invertir 13.000 millones de euros en centros de datos en Finlandia, su mayor inversión individual en Europa. Pero las obras en Muhos y Kajaani quedaron paralizadas: la Agencia Finlandesa de Licencias y Supervisión (LVV) ordenó a la filial Tuike Finland detener los trabajos después de que se talaran unas 300 hectáreas de bosque en el terreno de Leppiniemi, en Muhos, antes de completar la evaluación de impacto ambiental.
La ley finlandesa exige que los grandes proyectos industriales completen una evaluación de impacto ambiental (EIA) antes de empezar a construir: la tala, las voladuras, el drenaje y la construcción de caminos están prohibidos hasta entonces. Google y sus contratistas comenzaron a preparar los terrenos de Muhos y Kajaani antes de recibir los resultados de esas evaluaciones. Otros dos emplazamientos previstos, en Vaala y en la planta ya operativa de Hamina, no se ven afectados por la orden.
La agencia dio a Google hasta el 14 de octubre para explicar lo ocurrido, con un plazo máximo del 23 de octubre para detener por completo las obras. Si no lo cumple, la empresa podría recibir una multa condicional. Lo prohibido no se limita a la tala: también incluye excavaciones, voladuras, drenaje y la construcción de almacenes y carreteras.
Google ha reconocido el incumplimiento. Un portavoz de la empresa dijo que en este caso "no cumplimos con los altos estándares que nos exigimos a nosotros mismos" y prometió reforestar 130 hectáreas en Muhos. Para hacerse una idea: 300 hectáreas equivalen a unos 400 campos de fútbol, así que la reforestación prometida cubre menos de la mitad de lo ya talado.
El episodio deja claro dónde puede frenarse realmente el auge de la infraestructura de IA: no en los chips ni en la energía, sino en los permisos ambientales que las grandes tecnológicas a veces intentan saltarse. Para la Unión Europea, ya enfrentada a Google en varios frentes antimonopolio, es un motivo más para vigilar de cerca la expansión de los centros de datos.



