El miércoles, la cámara alta de Japón cerró una saga legislativa de casi dos años: las criptomonedas dejan de ser solo un método de pago según la ley japonesa y pasan a ser oficialmente instrumentos financieros, en la misma categoría que las acciones y los bonos.
La ley traslada la supervisión de los activos digitales de la Ley de Servicios de Pago a la Ley de Instrumentos Financieros y Bolsa (FIEA). El nombre suena árido, pero el cambio es concreto: exchanges y emisores de tokens ahora deben cumplir las mismas obligaciones de divulgación y protección al inversor que los brokers de valores, además de nuevas reglas contra el uso de información privilegiada que antes simplemente no aplicaban a la cripto.
Lo que más interesa a los inversores es el impuesto. Hoy las ganancias cripto en Japón tributan como "ingresos varios" en una escala progresiva que puede llegar al 55% en montos grandes. Con la nueva ley, la tasa pasa a un 20% fijo —15% nacional y 5% local—, igual que las ganancias bursátiles. Ese cambio entra en vigor por separado, dentro de la reforma fiscal de 2028, mientras que la reclasificación general se espera para el año fiscal 2027.
Los ETF de bitcoin al contado no quedaron aprobados de forma directa —es un trámite regulatorio distinto—. Pero al despejar el principal obstáculo legal, el parlamento abrió la puerta: el Japan Exchange Group ya dijo que evalúa lanzar los primeros ETF cripto al contado del país tan pronto como 2027, probablemente emitidos por instituciones financieras tradicionales y no por firmas nativas de cripto.
Las sanciones por operar sin registro subieron con fuerza: la pena máxima de prisión pasa de 3 a 10 años y la multa máxima de 3 a 10 millones de yenes (unos 18.500 a 61.600 dólares). Es una señal clara de que Tokio quiere integrar la cripto al sistema financiero, no dejarla operar al margen.
Durante años Japón fue visto como amigable con la cripto en el discurso, pero durísimo en impuestos, lo que empujó capital hacia Singapur y los Emiratos. Esta ley busca corregir justamente esa contradicción sin relajar la protección al inversor.



