Durante un año y medio, un supuesto centro de estudios latinoamericano envió cartas a funcionarios de educación en Perú y Ecuador sobre actos escolares de apoyo a Ucrania que nunca existieron, y casi nadie detectó la falsificación. ChatGPT ayudó a redactar esas cartas, además de guiones para audios fabricados y documentos "filtrados" inventados.
El 8 de octubre, OpenAI explicó cómo descubrió esta red vinculada a Rusia y le asignó la puntuación más alta de su propia escala de riesgo, la Breakout Scale. La escala va de 1 a 6, y es la primera vez en dos años y medio de informes públicos —que suman ya unas treinta operaciones desmanteladas— que OpenAI otorga la categoría máxima.
La red, que OpenAI llama internamente Dark Clark, montó un falso "Centro de Investigación Social" y publicó a través de él más de 60 artículos. Los operadores reclutaron a personas desprevenidas en América Latina como autores de fachada, y la campaña ya había provocado comentarios públicos de políticos en varios países: la propaganda no se quedó en redes sociales, llegó a la política real.
En paralelo, OpenAI encontró una red iraní llamada Bogus Bylines: siete "periodistas" inventados, uno de los cuales mantenía cuentas en X e Instagram bajo el nombre Ervin B. Hoskins. Entre julio de 2025 y octubre de 2026, unos cien textos se publicaron bajo esas firmas en una docena de medios reales centrados en asuntos internacionales y Oriente Medio, casi siempre con un tono antibelicista o progresista. Aquí el papel de ChatGPT fue más modesto: revisar borradores según las normas de cada medio y redactar correos para proponer artículos.
La diferencia entre ambas redes muestra dónde la inteligencia artificial cambia realmente las reglas de la propaganda: no en el volumen de texto que genera, sino en la velocidad con la que una identidad falsa suena creíble y logra pasar los filtros de una redacción real. OpenAI canceló las cuentas de ChatGPT vinculadas a ambas redes y compartió sus hallazgos con autoridades y socios del sector. La propia empresa admite que lo descubierto no mide cuántas redes similares siguen operando sin ser detectadas.



