Alguien escondió un micrófono dentro de un rollo de papel higiénico y lo conectó al puerto USB del televisor en la sala de juntas de los ejecutivos de OpenAI, en San Francisco. El aparato estuvo ahí el tiempo suficiente para captar conversaciones que la compañía describe como parte de su trabajo más sensible: la investigación hacia la superinteligencia.
El FBI detuvo a Abdulrahman Alfozan, ingeniero saudí de 35 años que trabajaba en OpenAI desde julio de 2025. Se le acusa de usar un dispositivo para interceptar comunicaciones orales, delito que puede implicar hasta cinco años de cárcel y una multa de 250.000 dólares. Compareció por primera vez ante un tribunal el martes 13 de octubre; la próxima audiencia está fijada para el 19 de octubre.
Según la investigación, el micrófono se instaló alrededor del 28 de septiembre y se descubrió solo dos días después. Los propios modelos de inteligencia artificial de OpenAI habrían ayudado a resolver el caso: la empresa analizó el dispositivo internamente y la pista llevó directamente a Alfozan. El 5 de octubre, personal de la compañía encontró en otro edificio una mochila olvidada con su billetera, su identificación y un segundo dispositivo casi idéntico.
OpenAI afirma que no halló indicios de que el ingeniero accediera o copiara los pesos de los modelos, el código fuente o datos de clientes, por lo que su tecnología central parece intacta. Aun así, el director del FBI, Kash Patel, describió el aparato como un intento de capturar en secreto "comunicaciones sensibles sobre la tecnología de superinteligencia" de la empresa, y el Departamento de Justicia trata el caso como un asunto de seguridad nacional. OpenAI despidió a Alfozan el mismo viernes de su arresto.
Un detalle añade tensión a la historia: Alfozan también es socio de riesgo en Raed Ventures, una firma saudí entre cuyos socios figura un miembro de la familia real. Nada en los cargos sugiere que el fondo supiera del micrófono ni que tuviera algún papel en el caso. Pero un ingeniero de un laboratorio de IA con vínculos de capital extranjero colocando micrófonos donde se discuten los secretos más valiosos es justo el tipo de episodio que está obligando a los laboratorios punteros a repensar cómo investigan a su personal antes de darle acceso a esas salas.


