Durante años, Washington decidió qué chips y modelos podían llegar a China. El 16 de octubre los papeles se invirtieron: el Ministerio de Comercio y el Ministerio de Ciencia y Tecnología de China propusieron su propia lista de tecnologías de inteligencia artificial que ya no podrán salir del país sin una licencia.
El borrador agrupa 40 partidas en total: 23 relacionadas con inteligencia artificial, y el resto repartidas entre energía solar y biomedicina. Del listado completo, 14 tecnologías quedan marcadas como prohibidas y 26 como restringidas. La sección de IA apunta a modelos de lenguaje con al menos dos billones de parámetros o que figuren entre los diez mejores del mundo en benchmarks, agentes autónomos, los pesos y el código fuente de los modelos, diseños de chips de 14 nanómetros o menos con empaquetado 2.5D/3D, y clústeres de cómputo. Con esos umbrales, modelos como Kimi K3 de Moonshot AI o Qwen3.8-Max de Alibaba ya entrarían en la lista.
Las excepciones parecen deliberadas: el código abierto y la investigación publicada quedan fuera, y las empresas chinas pueden seguir atendiendo a usuarios extranjeros mediante aplicaciones, webs y APIs sin necesitar licencia. Si el modelo corre en servidores propios fuera de China, prometen aprobación automática. Un requisito provisional de registro para las operaciones de exportación —incluidas las que aún no se han cerrado— entró en vigor el mismo día en que se publicó el borrador; la consulta pública sigue abierta hasta el 15 de noviembre.
Pekín justifica la medida como una forma de mantener la IA "bajo control humano" e insiste en que no apunta a ningún país en particular. El momento elegido dice otra cosa: la propuesta llega semanas después de una reunión entre Trump y Xi sobre normas de IA, en medio de una disputa comercial que lleva años centrada en el acceso a chips. Durante ese tiempo, Estados Unidos decidió qué podía comprar China; ahora China empieza a decidir qué puede tener el resto del mundo.
El alcance real todavía no está claro. Como el acceso vía nube y API queda fuera de los controles, la mayoría de desarrolladores que simplemente usan un modelo chino a través de una interfaz no notarán ningún cambio. La prueba de fuego es para quien busque los pesos del modelo o los planos de los chips directamente, y en la ventaja negociadora que esto le da a Pekín de cara a la próxima ronda de conversaciones con Washington.


