El jueves, la pequinesa Moonshot AI lanzó Kimi K3, un modelo de 2,8 billones de parámetros con una ventana de contexto de un millón de tokens. En la tabla de Frontend Code de Arena obtuvo 1.679 puntos, por delante de los 1.631 de Claude Fable 5 y los 1.618 de GPT-5.6, y quedó primero en seis de siete categorías, un salto enorme frente al puesto 18 de la versión anterior de Moonshot.
Solo 16 de los 896 "expertos" del modelo se activan a la vez, lo que le permite manejar ese tamaño sin disparar el gasto en cómputo. Lo más relevante es la licencia: los pesos completos se harán públicos el 27 de julio, así que cualquiera con hardware suficiente podrá ejecutarlo sin pagar nada.
El mercado reaccionó casi al instante. Las acciones de los rivales chinos Z.ai y MiniMax cayeron 27% y 16%. Las acciones de semiconductores e infraestructura de IA se desplomaron en toda Asia, y los operadores ya lo llaman el "momento Kimi", en referencia al shock de DeepSeek, que borró unos $600.000 millones de la valoración de Nvidia en una sola sesión. El bitcoin, sensible al apetito por el riesgo, cayó por debajo de $63.000.
La lógica de los inversores es simple: si los laboratorios chinos siguen sacando modelos de este nivel gratis y en código abierto, se derrumba la idea de que la IA de punta tiene que ser cara y estar controlada por un puñado de empresas estadounidenses. Con futuros sobre cómputo de IA ya en preparación, lanzamientos así golpean las expectativas de toda la cadena, desde los chips hasta los centros de datos.
Hay que matizarlo: en pruebas de propósito general más amplias, K3 sigue por detrás de las configuraciones top de Claude y GPT; es una victoria en un terreno concreto, el código, no en todos los frentes. Pero el mercado reaccionó al titular, no a la letra pequeña, y es la segunda vez este año que la brecha entre los modelos top se reduce a casi nada.



