El mercado del oro en Londres lleva décadas funcionando con las mismas reglas: lingotes en bóvedas, contratos en papel, liquidación a través de los miembros compensadores de la LBMA. Pero ese aproximadamente 70% del comercio mundial de oro over-the-counter que pasa por la City ahora compite con plazas chinas, y la Financial Conduct Authority quiere saber si unas normas anticuadas están frenando a Londres en la era digital.
El asunto es el oro tokenizado: tokens digitales que dan a su titular un derecho sobre una cantidad concreta de metal físico guardado en una bóveda, canjeable a demanda. El problema es que la legislación británica no aclara qué es exactamente ese token: ¿una participación en un esquema de inversión colectiva, un activo de fondo alternativo, o algo distinto? Mientras la clasificación siga en el limbo, buena parte de los inversores institucionales prefiere no tocarlos.
La FCA ha planteado varias salidas: aclarar las normas vigentes, crear una clasificación específica para estos productos o levantar un régimen regulador completamente aparte para las materias primas tokenizadas. 'Nos interesa saber si el marco regulador actual sigue siendo el adecuado para los mercados del oro', dijo Jon Relleen, director de infraestructura y mercados de la FCA. El plazo para recibir comentarios del sector se cierra el 23 de octubre, y el regulador promete una hoja de ruta con plazos concretos antes de que acabe el año.
La iniciativa no surge aislada. En julio, Reino Unido y Estados Unidos acordaron acercar sus normas sobre finanzas tokenizadas, y una consulta previa conjunta del Banco de Inglaterra y la FCA recibió 123 respuestas, en las que el uso como garantía colateral fue el motivo práctico más citado.
Si Londres escribe antes que nadie el reglamento del oro tokenizado, no estará solo defendiendo su cuota de mercado: podría terminar fijando el estándar con el que se negocie ese metal digital en todo el mundo.



