Mastercard cerró la compra de la londinense BVNK por hasta 1.800 millones de dólares, de los cuales 300 millones son pagos diferidos ligados a resultados tras la integración. Es la primera vez que una gran red de pagos que cotiza en bolsa se compra directamente la infraestructura de stablecoins, en lugar de limitarse a firmar una alianza.
BVNK construye rieles de pago sobre blockchain desde 2021 y ya mueve cerca de 30.000 millones de dólares al año para sus clientes empresariales. Hay un detalle curioso: en noviembre de 2025, Coinbase intentó comprar BVNK por casi 2.000 millones de dólares, pero el acuerdo se cayó. El activo que una de las mayores plataformas cripto no logró retener terminó en manos de una red de tarjetas tradicional.
El movimiento encaja con lo que Mastercard viene haciendo todo el año: en marzo lanzó un programa de socios con más de 85 empresas cripto, y en junio sumó liquidaciones en USDC, PYUSD y RLUSD. El director de producto, Jorn Lambert, lo resumió sin rodeos: el dinero hoy existe en varias formas a la vez —transferencias tradicionales, stablecoins, depósitos tokenizados— y gana la red capaz de conectarlas todas, sin apostar solo a una.
En la práctica, esto debería facilitar el paso entre stablecoins y cuentas bancarias comunes, porque Mastercard conectará su infraestructura de tarjetas y su red de aceptación directamente con BVNK. La competencia no se queda quieta: Visa sigue ampliando sus liquidaciones en USDC, y Stripe, junto con Google, lanzó su propia stablecoin, llamada OUSD. Mastercard eligió otro camino: comprar la cañería en lugar de lanzar una moneda.
El acuerdo no es realmente una apuesta sobre si las stablecoins van a triunfar. Las grandes redes de pago ya asumieron que sí, al menos en alguna forma; ahora la disputa es por quién controla las tuberías.



