El 14 de septiembre, 79,11 millones de dólares desaparecieron de una sola cuenta de corretaje en Wells Fargo Securities. No fue un hackeo: fue una orden judicial. El Departamento de Justicia de EE.UU. busca quedarse con 84,2 millones de dólares incautados en cuentas que, según los fiscales, operaban un servicio de transferencia de dinero sin licencia y que también procesaban pagos para Tether, el mayor emisor de stablecoins del mundo.
La demanda de decomiso civil se presentó en realidad el 15 de julio, en el Distrito Este de California, ante el juez Dale A. Drozd. El objetivo es Capstone Ltd., una firma de pagos con sede en Montana que, según la fiscalía, pertenece a Kotaro Shimogori y Mary Jeanne Thompson. Según la denuncia, Capstone se presentaba ante los bancos como una simple empresa de servicios de TI mientras movía dinero sin licencia en al menos seis estados. Detrás de la operación, sostienen los fiscales, estaba EQIBank, un banco digital con licencia en Dominica que también gestiona las transferencias de Tether. Los fiscales alegan además que por las cuentas de Capstone circuló dinero de una estafa de suplantación: los estafadores se hacían pasar por agentes del FBI y convertían lo robado en USDT, lo que al parecer llamó la atención de los investigadores.
Además de los 79,11 millones retirados de esa cuenta, la demanda incluye otros 1,86 millones en otra cuenta de Wells Fargo, 2,06 millones en JPMorgan Chase y 1,1 millones repartidos en dos billeteras de USDT.
Tether confirmó que opera a través de EQIBank, pero aseguró no tener conocimiento de la conducta investigada y calculó su exposición en menos del 0,034% de los activos del grupo, frente a unas reservas de 187.750 millones de dólares y 184.600 millones de USDT en circulación al cierre del segundo trimestre. Capstone y EQIBank niegan haber actuado mal, alegan ser propietarios de buena fe de los fondos y dicen querer resolver el caso pronto; por ahora ninguna de las dos enfrenta cargos penales.
El episodio repite un patrón conocido: los grandes bancos estadounidenses siguen evitando a los emisores de stablecoins, así que miles de millones circulan a través de socios pequeños y poco supervisados como EQIBank.



