Mientras todos miran a los modelos cerrados como GPT o Claude, la verdadera pelea por el futuro de la IA ocurre en otro rincón del ring: los modelos de pesos abiertos, que cualquiera puede descargar y ejecutar. Desde hace casi dos años China va ganando esa pelea: DeepSeek, Qwen de Alibaba y Kimi K3 de Moonshot superan sistemáticamente a los rivales occidentales en calidad de código abierto. El 5 de octubre, la startup neoyorquina Reflection AI intentó cambiar esa narrativa con un nuevo modelo llamado Beam.
Reflection AI fue fundada en 2024 por Misha Laskin e Ioannis Antonoglou, ambos exinvestigadores de Google DeepMind. En poco más de un año la compañía recaudó unos 4.700 millones de dólares y en abril fue valorada en 25.000 millones. Entre sus inversores están Nvidia, Sequoia y Lightspeed: dinero que no es casual, porque a Nvidia le conviene que los modelos abiertos fuertes no nazcan solo en Pekín.
Beam es un modelo de mezcla de expertos (MoE) con 501.000 millones de parámetros totales, de los cuales solo 23.000 millones se activan a la vez, entrenado con 23,8 billones de tokens y con una ventana de contexto de un millón de tokens. Según los propios benchmarks de Reflection, Beam iguala a GLM-5.2 de la china Z.ai —uno de los modelos abiertos más potentes del mercado— usando entre tres y cuatro veces menos cómputo. La empresa también afirma superar al modelo multimodal Inkling de Thinking Machines Lab en varios benchmarks de programación.
Hay una salvedad importante: ninguna de estas cifras ha sido verificada de forma independiente todavía. Reflection planea publicar los pesos y la documentación técnica más adelante en octubre, lo que permitirá a desarrolladores externos poner a prueba las afirmaciones por su cuenta.
Por qué importa esto más allá de las especificaciones: empresas y gobiernos prefieren cada vez más los modelos abiertos porque pueden ejecutarlos en su propia infraestructura en lugar de enviar datos sensibles a terceros. Pero mientras los laboratorios chinos sigan fabricando los modelos abiertos más potentes, son ellos quienes marcan el estándar que debe seguir el resto del mundo, incluidos los bancos y agencias que recelan de enviar datos a China. Beam es una apuesta a que Estados Unidos también puede presentar un contendiente serio en pesos abiertos, no solo ganar la carrera de los modelos cerrados.
Reflection ya tiene cómputo reservado para lo que viene: un acuerdo con SpaceX por acceso a chips Nvidia GB300 valorado en más de 6.000 millones de dólares, más un contrato de unos 1.000 millones con el proveedor de nube Nebius. La compañía dice que ya está entrenando un modelo más grande para su próximo lanzamiento.



