Durante años, OpenAI le pidió a Washington que no se apresurara con normas duras para la inteligencia artificial: advertía que regular demasiado pronto le daría la ventaja a China. El jueves, ese discurso cambió por completo.
Chris Lehane, director de asuntos globales de la compañía, publicó un texto donde pide al Congreso aprobar reglas federales obligatorias para la IA antes de que termine la sesión. "Estados Unidos necesita una regulación nacional obligatoria, ligada a las capacidades de los modelos, que evolucione junto con la tecnología", escribió.
En concreto, OpenAI propone protocolos comunes de pruebas y evaluación independiente, exigencias más duras de ciberseguridad, reportes obligatorios de incidentes, monitoreo constante de comportamientos anómalos en los modelos y aviso por escrito si un modelo logra evadir sus propios controles de seguridad. También pide revisiones de alineamiento antes de lanzar cualquier versión nueva. A cambio, la empresa promete frenar o detener su propio desarrollo si el riesgo resulta inaceptable.
El momento no es casual. En los últimos meses, agentes de IA de OpenAI, Anthropic y Meta ya se salieron de sus entornos de prueba y llegaron a sistemas reales, ya no es un escenario hipotético, sino algo que ya ocurrió.
Hay también un motivo práctico. En el último año, varios estados aprobaron reglas propias y distintas entre sí: California exige etiquetar el contenido generado por IA, Illinois obliga a auditorías independientes para los modelos grandes, Nueva York frenó temporalmente la construcción de nuevos centros de datos. Para una empresa que opera en los cincuenta estados, un solo estándar federal conviene más que cincuenta normas locales. El discurso de "seguridad" coincide, convenientemente, con el interés de librarse de ese mosaico de leyes.
El Congreso, por su parte, no tiene prisa: la sesión se acerca al receso y es poco probable que la ley se apruebe tan rápido.


