En un solo fin de semana, el partido de Nigel Farage recaudó más dinero del que algunos partidos británicos reúnen en todo un año. Todo empezó cuando el cofundador de BitMEX, Ben Delo, transfirió 36 millones de libras a Reform UK de una sola vez, sin fraccionarlo, precisamente para que ningún regulador pudiera frenar el pago a mitad de camino. Un día después, Christopher Harborne, inversor histórico de Tether y Bitfinex, igualó la cifra con otros 36 millones. Total: 72 millones de libras, unos 97 millones de dólares, en 24 horas.
Lo llamativo no es solo la cantidad. Harborne ya era el mayor donante de Farage: había aportado 12 millones de libras en diciembre, y entre él y Delo sumaron el 76% de las donaciones declaradas de Reform UK en el primer trimestre de 2026. Su explicación es sencilla: cree que las políticas del partido atraerán inversión a Gran Bretaña y financiarán sanidad y educación. "¿Qué espero a cambio? Nada. Ni un título, ni un cambio de política, solo un partido listo para gobernar", declaró.
El problema es que la ley electoral británica solo permite a los partidos aceptar donaciones de votantes británicos o de empresas registradas en el Reino Unido. Harborne tiene derecho a voto en Gran Bretaña, pero vive en Tailandia y lleva años operando sus negocios a través de estructuras offshore, un patrón ya bajo escrutinio parlamentario por un regalo personal anterior de 5 millones de libras a Farage. Delo, por su parte, recibió un indulto presidencial de Donald Trump en marzo de 2025 por infracciones de la ley bancaria vinculadas a la gestión de BitMEX, un perfil poco habitual para un gran donante.
La Policía Metropolitana de Londres ha abierto ahora una revisión sobre la financiación de Reform UK, mientras otros partidos advierten del riesgo de que grandes fortunas terminen comprando elecciones. Hay cierta ironía: el gobierno ya había anunciado en marzo su intención de prohibir directamente las donaciones en criptoactivos y limitar las aportaciones extranjeras a 100.000 libras anuales, justo el tipo de maniobra que Delo y Harborne acaban de ejecutar. Mientras esa norma no entre en vigor, mover dinero en libras y no en tókenes sigue siendo, técnicamente, legal.
Para Farage, todo esto es ante todo construir una caja de guerra electoral de cara a unas elecciones anticipadas que da por hechas: ya prometió a los votantes una reserva de bitcoin en el Banco de Inglaterra y un impuesto del 10% sobre las plusvalías cripto. Pero cuanto más rápido se llenan las arcas de Reform UK con dinero de gente enriquecida gracias a las criptomonedas, más fuerte resuena la pregunta de dónde está el límite entre apoyar a un partido y comprar su futura postura regulatoria sobre cripto.



