Taiwán está a punto de convertir el contrabando de chips de inteligencia artificial en un delito con cárcel de por medio. El ministro de Economía, Kung Ming-hsin, confirmó a Bloomberg que la isla sumará semiconductores avanzados y servidores con chips de Nvidia a su lista de exportaciones controladas, cerrando un vacío legal: hoy enviarlos ilegalmente a China no conlleva ninguna sanción penal directa.
Ese vacío quedó al descubierto con el caso Supermicro. En mayo, la policía taiwanesa realizó su primera redada penal contra el contrabando de hardware de IA y detuvo al cofundador de Supermicro, Wally Liaw, junto con dos colaboradores, por un esquema valorado en 2.500 millones de dólares: servidores con chips de Nvidia desviados a través del sudeste asiático hacia China, Hong Kong y Macao, con documentos falsificados y números de serie arrancados con secadores de pelo para sustituir las máquinas reales por otras falsas. En agosto, la fiscalía acusó a otras nueve personas por un esquema similar con 130 servidores.
La nueva norma no nace de la propia voluntad de Taiwán: forma parte de un acuerdo comercial firmado este año con Washington. Kung fue directo: las medidas taiwanesas sobre productos sensibles ahora irán en línea con las de Estados Unidos. Una posición incómoda para la isla, que necesita el mercado chino pero depende todavía más del acceso a la tecnología estadounidense y de la confianza de Nvidia.
Aún no hay fecha fijada para que entre en vigor, pero el mensaje ya quedó claro: los canales que durante años permitieron a compradores chinos saltarse las sanciones de EE. UU. se están cerrando uno por uno, y quien sea descubierto ya no se irá solo con una multa.


