Tokio va a tener su propia fábrica de inteligencia artificial, y para construirla ha encargado 27.500 chips Nvidia Rubin, la nueva generación de la compañía. El 16 de julio, Japón presentó el proyecto: la empresa estatal Noetra levantará un centro de datos financiado con una subvención pública de 387.300 millones de yenes, unos 2.400 millones de dólares.
Detrás de Noetra están Sony, SoftBank, NEC y Honda. Su misión es entrenar desde cero un modelo multimodal propio, capaz de entender no solo texto sino también el mundo físico: vídeo, movimiento, espacio. Es la pieza central del proyecto FRONTia, con el que Japón busca un modelo abierto para robots, gemelos digitales y agentes industriales de IA, en lugar de depender de tecnología estadounidense o china.
La construcción arrancará en abril de 2027 y el centro empezará a operar en junio de 2028. En paralelo, Nvidia firmó un acuerdo con Fujitsu y los tres grandes fabricantes japoneses de robots industriales —Fanuc, Yaskawa y Kawasaki Heavy Industries— para desarrollar "IA física": robots que ya no se limitan a repetir un programa, sino que toman decisiones por sí mismos en fábricas, hogares y hospitales.
No es un capricho tecnológico. Japón envejece rápido, la mano de obra escasea, y los robots para el cuidado de personas mayores dejaron de ser ciencia ficción para formar parte de un plan de Estado. El gobierno de Takaichi prometió más de 370 billones de yenes (unos 2,3 billones de dólares) en inversión tecnológica hasta 2040, y este pedido de chips es solo la primera factura.
Nvidia repite la misma jugada en otros países, ayudando a construir "IA soberana" en vez de depender de la nube estadounidense. La duda es si la apuesta japonesa por los robots dará resultado antes de que soluciones más baratas tapen el hueco de mano de obra.



