Media hora. Eso es lo que tardó Claude, la IA de Anthropic, en resolver un rompecabezas que trajo de cabeza a los criptógrafos durante un cuarto de siglo.
A finales de los años noventa, la Agencia de Seguridad Nacional de EE. UU. entregó al NIST cinco números misteriosos: las semillas de las curvas elípticas P-192, P-224, P-256, P-384 y P-521. Esas curvas acabaron sosteniendo buena parte de la criptografía moderna: certificados TLS, VPN, protocolos bancarios. Pero la NSA nunca explicó de dónde salían esos números. La teoría dominante era que el matemático de la agencia Jerry Solinas había hasheado algunas frases en inglés a modo de broma interna, solo que esas frases se perdieron y no quedó nada con qué comprobarlo.
Durante 25 años, ese silencio alimentó la misma sospecha: ¿había elegido la NSA curvas con una debilidad que solo ella sabía explotar? Las revelaciones de Snowden, que confirmaron que la agencia sí había debilitado otros estándares criptográficos, no hicieron más que reforzar la desconfianza. En 2023, el ingeniero criptográfico Filippo Valsorda ofreció una recompensa de 12.288 dólares —ampliable a 36.864 si se donaba a caridad— a quien explicara el origen de esos números. Durante años, nadie la reclamó.
Claude abordó el problema de otra manera. El modelo sospechó que los números no eran hashes de frases, sino la salida corriente de lrand48, un generador de números pseudoaleatorios de toda la vida en las viejas librerías C de Unix. Partiendo de esa hipótesis, probó candidatos construidos con marcas de tiempo de 1997-1998 y reprodujo exactamente la semilla publicada para la curva P-256: resultó ser el candidato número 1.842 de la secuencia. Las otras cuatro curvas coincidieron con la misma precisión. En su razonamiento publicado, el modelo escribió: "Esto es asombroso: resuelve el misterio de los 25 años", y añadió después: "Vaya, es un descubrimiento real".
Para la criptografía, la conclusión tranquiliza más que alarma. Si los números son simplemente la primera salida válida de un generador sembrado con una fecha, el margen para una manipulación oculta se reduce de golpe: los investigadores calculan que la NSA tenía como mucho unos 30 bits de libertad de elección, muy lejos de los 70 que exigían las teorías de puerta trasera más alarmistas. El caso no queda del todo cerrado —nadie explica aún por qué el generador descartó algunos candidatos utilizables—, pero una debilidad deliberada resulta ahora mucho menos plausible.
Bitcoin solo roza esta historia de refilón: la moneda usa secp256k1, una curva más simple con muchos menos parámetros ajustables, que siempre despertó menos sospechas que las de NIST. Es, sobre todo, un relato sobre la confianza en la infraestructura de internet, no una amenaza directa a las criptomonedas. Anthropic destinó el premio al Internet Security Research Group, la organización sin fines de lucro detrás del servicio gratuito de certificados Let's Encrypt. No todos compran el hallazgo sin reservas: el desarrollador de Bitcoin Core Gregory Maxwell señaló que días antes había hecho una pregunta similar a otro modelo de Anthropic sin obtener nada, lo que abre la duda de cuán repetible es realmente el resultado.


