La fiscal general de Nueva York ha lanzado su golpe más duro contra Kalshi hasta ahora: una demanda en un tribunal estatal de Manhattan que exige al menos 36.000 millones de dólares en daños.
Letitia James sostiene que Kalshi llevaba meses vendiendo a residentes del estado contratos sobre resultados deportivos sin licencia de la Comisión de Juego estatal, lo que a su juicio no es más que apuestas deportivas disfrazadas de trading. Su oficina añade que la plataforma permitía operar a usuarios de apenas 18 años, cuatro por debajo de la edad legal de apuestas en el estado, fijada en 21. La cifra reclamada surge de triplicar las ganancias ilícitas de Kalshi según el artículo 80.10 del código penal, más una multa de 100.000 dólares por cada oferta de apuesta deportiva no autorizada bajo la ley estatal de carreras. James exige además una auditoría completa de todas las apuestas realizadas, restitución a los usuarios y una orden que prohíba a Kalshi operar en el estado.
Kalshi calificó la demanda de "teatro político" y afirmó que los estados no tienen potestad para cerrar una bolsa con licencia federal. El argumento no es menor: la empresa opera como mercado de contratos designado bajo la supervisión de la CFTC, el regulador federal de derivados de materias primas, y sostiene que sus contratos sobre eventos son instrumentos financieros, no apuestas. Ese mismo día la CFTC presentó una moción de emergencia contra la acción de Nueva York, alineándose abiertamente con Kalshi en esta disputa de competencias.
No es el primer golpe de Nueva York al sector: en abril James presentó demandas similares contra Coinbase Financial Markets y Gemini Titan, y tribunales de Massachusetts, Michigan, Nevada y Washington ya restringieron la actividad de Kalshi en sus territorios. Kentucky demandó a Kalshi y Polymarket en junio. Ningún tribunal ha resuelto todavía la cuestión de fondo, si la ley federal de materias primas prevalece sobre la ley estatal de juego, y de cómo termine el caso neoyorquino puede depender si los mercados predictivos deportivos pueden sobrevivir en estados con normas de juego estrictas.



