Nvidia está dispuesta a respaldar casi un cuarto de billón de dólares en deuda con tal de que OpenAI consiga su centro de datos. Según el Wall Street Journal, la compañía negocia una garantía financiera de unos 250.000 millones de dólares que permitiría a OpenAI alquilar un campus de 10 gigavatios en Ohio, construido por SB Energy, la filial energética de SoftBank.
El terreno tiene su historia: una planta de enriquecimiento de uranio ya cerrada, en Piketon, unos 80 kilómetros al sur de Columbus. El terreno está bajo control federal y el suministro eléctrico lo financia por separado Japón, dentro de un reciente acuerdo comercial. El secretario de Comercio, Howard Lutnick, el fundador de SoftBank, Masayoshi Son, y el secretario de Energía, Chris Wright, colocaron la primera piedra en marzo.
El mecanismo es sencillo y arriesgado a la vez. OpenAI todavía no genera beneficios y no tiene calificación crediticia de grado de inversión, así que ningún banco le prestaría solo por su nombre. Ahí entra Nvidia: si OpenAI no paga el alquiler o se atrasa con la deuda de construcción, Nvidia cubre la diferencia. OpenAI se queda con el edificio; Nvidia asume la pérdida.
Y no es todo. En paralelo, ambas partes negocian otro acuerdo de 350.000 millones de dólares para financiar los chips que irán dentro de ese mismo campus. Sumado todo, el proyecto podría superar los 500.000 millones de dólares, el mayor centro de datos anunciado hasta ahora.
El inversor Michael Burry, conocido por su apuesta contra la burbuja hipotecaria de 2008, resumió su reacción en pocas palabras: "vuelta y vuelta otra vez". Su escepticismo tiene una lógica clara: Nvidia adelanta dinero que en parte regresa a ella misma como ingresos por chips, y las ganancias contables de acuerdos así siguen inflando las valoraciones de toda la cadena de proveedores de IA. Los términos aún no están cerrados, y el diario advierte que la negociación podría romperse.



