Por primera vez en su historia, el Consejo de Seguridad de la ONU invitó a una misma sesión a las empresas de inteligencia artificial más avanzadas de Estados Unidos y China. El miércoles 23 de septiembre, durante la semana de alto nivel de la Asamblea General en Nueva York, el consejero delegado de OpenAI, Sam Altman, el de Anthropic, Dario Amodei, y el fundador de Hugging Face, Clement Delangue, se dirigieron a los 15 miembros del Consejo. Por parte china acudieron representantes de DeepSeek y Moonshot: el propio fundador de DeepSeek, Liang Wenfeng, no viajó, pero que dos de los laboratorios chinos más importantes se sienten a esa mesa ya es, en sí mismo, inédito.
La reunión fue convocada por Francia, que preside el Consejo este mes; se esperaba que el ministro de Exteriores, Jean-Noël Barrot, la dirigiera. El punto del orden del día era «la IA y la seguridad internacional»: el riesgo de perder el control sobre sistemas avanzados y su uso en ciberataques. Es solo la segunda vez que el Consejo aborda la IA como tema propio desde julio de 2023, cuando China comparó el desarrollo de la IA con un «caballo desbocado» y Estados Unidos advirtió contra su uso para la censura.
Detrás del lenguaje diplomático hay una pugna abierta sobre la velocidad de la carrera. Desde principios de septiembre, Amodei promueve una desaceleración coordinada de los modelos más avanzados, una especie de pacto de control de armamento pero aplicado a redes neuronales. Elon Musk respalda la idea; Mark Zuckerberg, de Meta, y Jensen Huang, de Nvidia, defienden justo lo contrario: seguir desarrollando sin pausas. El diario chino Global Times ya calificó los llamados a frenar como un «libreto de Guerra Fría» destinado a preservar la ventaja tecnológica de Washington.
El secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, confirmó que Washington y Pekín acordaron mantener consultas discretas sobre seguridad de la IA. Un detalle revelador: las empresas chinas de IA no acudirán a la cumbre paralela de Xi Jinping en Estados Unidos el 24 de septiembre, aparentemente para evitar que la IA se convierta en moneda de cambio comercial. Los analistas coinciden en algo: la sesión pesa simbólicamente, pero un acuerdo real todavía no está sobre la mesa, dadas las visiones tan distintas que tienen Washington y Pekín sobre quién debe poner las reglas.



