El Departamento del Tesoro de Estados Unidos incluyó en su lista negra a dos empresas iraníes que vendían a los barcos un "seguro" muy particular para cruzar el estrecho de Ormuz: el pago se hacía en bitcoin. Persian Gulf Marine Insurance Company y una plataforma llamada HormuzSafe operaban con una lógica simple: sin la póliza, el barco corría el riesgo de ser retenido por Irán; con ella, pasaba sin problemas.
El detalle incómodo es que el propio Irán generaba el peligro del que decía proteger. El Tesoro no habló de seguro, sino de extorsión. HormuzSafe fue creada por el Ministerio de Economía iraní, y el dinero llegaba a través de la Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico, un organismo vinculado a la Guardia Revolucionaria ya sancionado en mayo, hasta terminar financiando directamente a esa fuerza.
Aceptar criptomonedas no fue casualidad. Una transferencia en dólares pasa por bancos corresponsales que la habrían bloqueado casi al instante. El bitcoin evita el sistema SWIFT y la banca tradicional, lo que dificulta interceptar el dinero en tiempo real, aunque no lo hace imposible de rastrear después, que es justo como los investigadores reconstruyeron el esquema a partir del blockchain público.
La misma medida alcanzó a ocho navieras registradas en China, Hong Kong y las Islas Marshall, y a ocho petroleros usados para mover crudo iraní. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, dijo que Estados Unidos "no permitirá que Irán tome como rehén al comercio global" para financiar el terrorismo y la represión de la Guardia Revolucionaria. Medios estatales iraníes habían hablado antes de ingresos de hasta 10.000 millones de dólares, una cifra que el Tesoro no confirmó y que parece muy inflada frente al tamaño real de la operación.
Para el mercado cripto es otro recordatorio: usar bitcoin para esquivar sanciones atrae cada vez más atención regulatoria, y la transparencia de la cadena de bloques termina jugando en contra de quienes intentan esconderse detrás de ella.



