Nueve meses de desarrollo y pruebas culminaron esta semana con un hecho concreto: SWIFT activó su registro blockchain y lo puso a disposición de los primeros bancos participantes. Diecisiete entidades financieras de seis continentes, entre ellas HSBC, Citi, BNP Paribas, UBS, ANZ, DBS y Standard Chartered, comienzan a pilotear transferencias transfronterizas con depósitos tokenizados.
El mecanismo es directo. En lugar de enviar dinero real a través de cadenas de bancos corresponsales —un proceso que tarda entre uno y cinco días hábiles y se detiene completamente los fines de semana—, los bancos emiten tokens digitales que representan sus depósitos. Esos tokens circulan por el registro blockchain de SWIFT casi de forma instantánea, mientras que la liquidación final se procesa por los sistemas existentes. El resultado práctico: pagos internacionales disponibles a cualquier hora, incluyendo domingos a las tres de la madrugada.
SWIFT conecta a más de 11.000 instituciones financieras en más de 200 países. Su apuesta por el blockchain como infraestructura operativa —no como experimento— envía una señal clara al mercado global. El siguiente paso apunta al dinero programable, donde los contratos inteligentes ejecutan pagos automáticamente al cumplirse determinadas condiciones, y al comercio agéntico, donde sistemas de inteligencia artificial gestionan transacciones sin intervención humana.
JPMorgan avanza en la misma dirección con su plataforma Kinexys. La ventaja de SWIFT reside en que ya forma parte del sistema: no necesita convencer a 11.000 instituciones de cambiar sus procesos, porque ya trabajan con él a diario. Si el piloto concluye con éxito, la infraestructura para pagos globales basados en blockchain dejará de ser un proyecto futuro para convertirse en realidad operativa.



