El 23 de julio, alguien entró en la cuenta de X de Vlad Tenev, CEO de Robinhood, y publicó, haciéndose pasar por él, un mensaje sobre un token llamado Vladhood. Lo presentaba como la "mascota oficial" de Robinhood Chain y prometía que pronto estaría disponible en la aplicación del bróker.
El mensaje no duró mucho: el equipo de Robinhood lo eliminó en media hora. Pero antes de desaparecer acumuló unas 175.000 visualizaciones. Fue suficiente. El token, creado apenas 46 minutos antes del ataque, se disparó de precio. Según analistas de blockchain, los atacantes se llevaron cerca de 650 ETH, unos 1,3 millones de dólares.
Robinhood confirmó el hackeo desde su cuenta oficial, aseguró que trabajaba con X para restaurar el acceso y que el mensaje falso ya había sido borrado. Tenev recuperó su cuenta poco después. El explorador de bloques de Robinhood Chain marcó más tarde a Vladhood como probable estafa.
El momento no es casual. Robinhood Chain, la red basada en Ethereum que el bróker lanzó el 1 de julio, atrajo más de 700 millones de dólares en activos en menos de un mes, con un volumen acumulado en exchanges descentralizados cercano a los 9.000 millones. Buena parte de ese movimiento son memecoins: usuarios persiguiendo el próximo token que pueda dispararse de la noche a la mañana.
Secuestrar la cuenta de un directivo para inflar una moneda falsa no es nada nuevo; estafadores llevan años haciéndolo con famosos y políticos. Lo distinto aquí es el escenario: un bróker importante construyendo una red donde la especulación con memecoins ya es la actividad principal, lo que la vuelve un blanco tentador. Robinhood no ha dicho si compensará a los afectados ni si cambiará la protección de las cuentas de sus ejecutivos.



