Google perdió en un solo día a dos de sus figuras más importantes en inteligencia artificial, y el mercado reaccionó al instante: las acciones de Alphabet cayeron un 5,4% durante la sesión del 5 de agosto.
Jeff Dean, conocido dentro de la empresa como el empleado número 30 desde que se incorporó en 1999, deja su puesto de científico jefe tras casi 27 años. De su trabajo salieron MapReduce, Bigtable y TensorFlow, y en 2011 cofundó Google Brain, el laboratorio que sentó las bases de toda la estrategia de IA de la compañía.
Dean no se va a la competencia: monta su propia empresa, Discovery Loop, junto a otros tres veteranos de Google: el ingeniero fellow Sanjay Ghemawat, el cofundador de Google Brain Quoc Le, y el investigador de DeepMind Oriol Vinyals. La apuesta es ambiciosa: automatizar la propia investigación científica. Discovery Loop quiere ejecutar miles de experimentos en paralelo y avanzar hacia lo que llaman auto-mejora recursiva, es decir, IA que ayuda a construir IA más potente con cada vez menos intervención humana. Radical Ventures y Khosla Ventures lideraron la ronda semilla, con la participación de Kleiner Perkins, Lightspeed y Doerr Capital, y el propio Alphabet entró como inversor fundador y socio de infraestructura en la nube.
El despacho de DeepMind también cambió de dueño
Ese mismo día, Demis Hassabis dejó sus funciones ejecutivas diarias como CEO de Google DeepMind. Sigue como presidente de la división y asume un cargo de nueva creación, científico jefe de Alphabet, mientras continúa al frente de Isomorphic Labs, su proyecto de descubrimiento de fármacos. La gestión diaria de DeepMind pasa a Koray Kavukcuoglu, quien lleva 13 años trabajando junto a Hassabis y antes ocupaba el cargo de director de tecnología. Ahora reporta directamente a Sundar Pichai y supervisa el desarrollo de los modelos Gemini, la investigación de frontera y la app Gemini.
No es la primera salida de peso este año para Google: antes se fueron Noam Shazeer, rumbo a OpenAI, y John Jumper, hacia Anthropic. Gemini sigue siendo competitivo en las clasificaciones, pero retener a quienes lo crean resulta mucho más difícil que retener su puesto en las tablas de rendimiento, y esa brecha, más que cualquier resultado puntual, se está convirtiendo en el verdadero talón de Aquiles de Google en la carrera por la IA.



