Un tribunal de Róterdam abrió el proceso de quiebra contra Knaken, una plataforma cripto neerlandesa, y contra Stichting Knaken Payments, la fundación que debía custodiar por separado el dinero de los clientes. El fallo llegó el jueves 16 de julio. Para entonces, unos 30.000 usuarios ya llevaban mes y medio sin poder acceder a sus cuentas: el exchange desapareció de internet a principios de junio sin ninguna explicación.
Lo que siguió se movió rápido. La FIOD, el servicio neerlandés de investigación de delitos financieros, allanó las oficinas de la empresa, incautó ordenadores y otros equipos, y abrió una causa penal. La fiscalía solicitó la quiebra el 30 de junio, el mismo mes en que MiCA, el reglamento europeo sobre criptoactivos, entró plenamente en vigor en todo el bloque. Resulta que Knaken nunca se registró ante la AFM, el regulador financiero neerlandés, durante sus nueve años de actividad, lo que significa que la plataforma jamás estuvo autorizada para custodiar dinero de clientes.
Lo más preocupante es el dinero desaparecido. Los investigadores calculan el faltante en unos 7 millones de euros, cerca de 8 millones de dólares. El propio fallo judicial admite que no está claro adónde fueron los fondos. Un administrador concursal designado por el tribunal deberá ahora determinar qué queda de los activos de la empresa y cómo repartirlos entre los acreedores.
Para los depositantes, esto es peor que la quiebra de un banco convencional. En los Países Bajos, como en la mayor parte de la UE, los fondos de garantía de depósitos simplemente no cubren los activos cripto. Si a un exchange le falta dinero, no hay red de protección: los clientes recuperan, en el mejor de los casos, solo una fracción de lo depositado.
El colapso de Knaken es una nota incómoda para el despliegue de MiCA. Este año, el reglamento ha obligado a nombres conocidos como Binance y Revolut a poner en orden sus licencias en todo el bloque. Pero también debía servir para detectar precisamente este tipo de operador opaco, uno que funcionó casi una década antes de que reguladores e investigadores le dieran alcance, y solo después de que el dinero ya hubiera desaparecido.



