En febrero, OpenAI situaba su presupuesto de cómputo hasta 2030 en unos 600.000 millones de dólares. Menos de seis meses después, esa cifra ha subido a 750.000 millones. Según The Wall Street Journal, la compañía amplió su plan de gasto porque la demanda de sus servicios avanza más rápido de lo que se pueden construir centros de datos.
El dinero fluye por varios frentes a la vez. Hay contratos de nube con Microsoft, Amazon Web Services y CoreWeave: en febrero, OpenAI ya había sumado 100.000 millones de dólares extra a ocho años sobre su acuerdo original de 38.000 millones con AWS. Existe además un contrato aparte con Oracle por 300.000 millones a cinco años, que arranca en 2027 y exige 4,5 gigavatios de capacidad de cómputo. Y está la construcción propia: el complejo de centros de datos Project Camellia en el condado de Effingham, Georgia, donde OpenAI compromete 20.000 millones de dólares y asegura 3,2 gigavatios de energía entre 2028 y 2032, el equivalente a tres centrales nucleares.
Para contextualizar, el consejero delegado Sam Altman había mencionado a comienzos de año una cifra mucho mayor, 1,4 billones de dólares en compromisos de infraestructura combinados, y ese número asustó tanto a los inversores que la empresa tuvo que moderar el discurso. Los actuales 750.000 millones parecen más contenidos en comparación, pero un salto del 25% en pocos meses sigue indicando que el apetito de OpenAI por el cómputo no se enfría.
Todo esto tiene su reverso. Los gigavatios que necesitan los centros de datos de IA son los mismos que se disputan los mineros de bitcoin en Texas y otras regiones con energía abundante. Cuanto más agresivamente las empresas de IA aseguran contratos energéticos, más cara y difícil se vuelve la electricidad para otras industrias que dependen de energía barata.
Los vaivenes de la propia previsión también dicen algo: de 600.000 millones a 1,4 billones y de vuelta a 750.000 millones en un año. Eso sugiere que ni siquiera OpenAI tiene claro cuánto cómputo necesitará dentro de tres o cuatro años. El mercado de la IA se mueve más rápido de lo que cualquier plan presupuestario puede seguir.



